TEMA No 14.- EL DERECHO INTERNACIONAL DEL MEDIO AMBIENTE[1]

Mucho se ha hablado y discutido sobre la existencia e importancia del denominado Derecho Internacional del Medio Ambiente, considerado como la rama más reciente del ordenamiento jurídico internacional, que a decir de muchos autores, nadie discute su realidad misma, que es objetivamente patente y cada día más omnipresente; pero no faltan juristas que han cuestionado la autonomía normativa e incluso la denominación específica de este nuevo sector del ordenamiento internacional, que ha adquirido carta de naturaleza en los ámbitos académicos y científicos y es generalmente evocado como un nuevo sector especializado del ordenamiento jurídico internacional, que hoy en día existe con cuerpo específico de normas internacionales para la protección del medio ambiente, denominándose comúnmente “Derecho Internacional del Medio Ambiente”. Al respecto, dice José Juste Ruiz , que: “…pese a su extraordinaria pujanza y a su innegable atractivo inicial, hay que reconocer que se trata de un sector particularmente difícil del ordenamiento jurídico internacional, tanto en razón de su propia novedad, lo que excluye la existencia de una dogmática asentada, como en razón de su inherente complejidad, que deriva de múltiples razones: dependencia científica, interdisciplinariedad, carácter fronterizo, incidencia de motivaciones económicas y políticas; pero con todo, el Derecho Internacional del Medio Ambiente crece día a día ante nuestros ojos y renueva el desafío que supone la búsqueda de respuestas jurídicas a los numerosos interrogantes que plantea.”

Nosotros, que estamos esforzados en encontrar la internacionalidad de las normas jurídicas protectoras del medio ambiente y de los recursos naturales que en él coexisten, cuando hablamos del Derecho Ecológico, no dudamos también en internacionalizarlo, en el entendido de la definición que hemos dado a nuestro Derecho, como conjunto de normas jurídicas que con su derivación ecológica, controlan al hombre en el uso y disfrute de la naturaleza y sus recursos naturales, estableciendo medidas para evitar el abuso en su explotación irracional, como forma de perennizar su existencia, uso y disfrute generacional. En este sentido, compartimos el criterio, de que el Derecho Internacional del Medio Ambiente debe responder al desafío que afronta la Comunidad Internacional de asegurar, mediante normas restrictivas, la protección de un medio ambiente cada vez más sometido a un proceso de deterioro inexorable.

CONFLICTOS EPISTEMOLÓGICOS Y JURÍDICOS SOBRE EL “MEDIOAMBIENTE”

El estudio del Derecho Internacional del Medio Ambiente plantea para algunos autores dificultades de orden terminológico, que generan dificultades de orden conceptual. Para algunos, su objeto de estudio, el medio ambiente, lo consideran una realidad evasiva cuya denominación misma presenta un contenido incierto, asumiendo que para la gramática, el término español medio ambiente es redundante, considerando que medio y ambiente son sinónimos, existiendo cacofonía al usar el adjetivo “medioambiental”, asumiendo que el término es polisémico, con el cual se hace indistintamente referencia a conceptos no siempre idénticos, tales como el medio físico, el medio humano, el entorno, la biosfera, el ecosistema y otros. No obstante, creemos que esta confusión hoy día no tiene sentido, cuando la Real Academia ha incluido el término en el sentido exclusivo para la designación del medio ambiente, que obviamente, unifica el concepto o término para los entornos: local, regional, nacional, mundial, universal, etc.

LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN

La cooperación internacional para la conservación de la naturaleza ha adquirido una creciente importancia en los últimos años, dada la creciente toma de conciencia por parte de la opinión pública, de que muchos problemas ambientales pueden traspasar las fronteras de los países, o tienen un alcance tan global que no es posible hacerles frente sólo por medio de leyes de alcance nacional. Los tratados y convenciones entre distintos países son hoy la principal fuente de leyes ambientales internacionales.

El primer proyecto serio de cooperación internacional para los fines conservacionistas se debió al Dr. Paul Serasin, quien en el Octavo Congreso Internacional de Zoología en 1910 propuso la creación de un comité que esbozaría lo que podría ser una Comisión Internacional para la protección de la naturaleza.11 Se pretendió una cooperación de todos los países para proteger tanto los continentes como los mares, y a pesar de que tal proyecto tuvo una gran receptividad, no se pudo llevar a efecto por el surgimiento en 1914 de la Primera Guerra Mundial.

OFICINA INTERNACIONAL PARA LA PROTECCIÓN DE LA NATURALEZA

Después de la Guerra, hubo varios intentos serios para reactivar la idea expuesta, pero no fue sino en 1928, cuando se creó, con el acuerdo de los países europeos, la Oficina Internacional para la Protección de la Naturaleza, la cual estableció su sede en Bruselas en 1934. Esta Oficina y la idea, vuelven a quedar cesantes por el inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939.

LA UNIÓN INTERNACIONAL PARA LA PROTECCIÓN DE LA NATURALEZA

Nuevamente en 1947, después de la conflagración, los ingleses y los suecos hacen renacer la idea, formando la “Unión Internacional Provisional para la Protección de la Naturaleza”, y a través de la UNESCO, en 1948 se crea definitivamente la “Internacional Unión for the Conservation of the Nature” (IUCN), en una Conferencia convocada para tal efecto en Fontainebleau, Francia a la cual asistieron los Representante de los Gobiernos de Argentina, Austria, Bélgica, Brasil, República Dominicana, Egipto, Francia, India, Italia, Luxemburgo, Noruega, Panamá, Países Bajos, Polonia, Siam, Suiza, Siria y Venezuela.

Esta Unión vino a ser la expresión de un anhelo común de los científicos y de los gobiernos que miran con precaución la desaparición gradual de los recursos naturales, debido a la acción imprevista del hombre. La Organización tiene entre sus finalidades la conservación de la naturaleza en sus más variados aspectos, tales como la flora y la fauna, los suelos y las aguas, y aquellos otros elementos naturales que todavía permanecen intactos.

Fue motivación para los constituyentitas de la organización, el que, “la mayoría de los países del mundo han incluido en sus legislaciones energéticas previsiones tendientes a asegurar la conservación y restauración de sus recursos naturales como fuente económica primaria, pero tales medidas sólo tienen carácter local, y poco haría una Nación con cumplirlas a cabalidad si sus vecinas no adoptan otras semejantes”. No requiere demostración la necesidad de la cooperación internacional en el campo de la ciencia y de la naturaleza.

En este sentido, la Unión Internacional para la Protección de la Naturaleza vino a ser un organismo internacional que sirve de vínculo a los esfuerzos realizados por las naciones para proteger sus recursos naturales, fuente primaria de su desarrollo económico. Tal organismo no sólo es un elemento más de lucha contra la destrucción de la naturaleza, sino que constituye el eslabón necesario para la coordinación de las medidas tomadas separadamente por cada Estado.

La Organización debe proporcionar a los gobiernos y a las instituciones particulares, un servicio continuo de información e intercambio científico, que permita no sólo la superación en el campo de la ciencia de las entidades dedicadas a ella, sino que facilite el planteamiento y realización de campañas divulgativas y el asesoramiento para la resolución de problemas técnicos referentes a la conservación de la naturaleza.

Como una expresión de la constante preocupación oficial en colaborar con aquellas labores que guardan relación con la protección de la Naturaleza, el Gobierno venezolano invitó a la Unión Internacional para la Protección de la Naturaleza a celebrar su III Asamblea General en la ciudad de Caracas, la cual se efectuó a fines de 1952.

En el discurso de clausura de esta reunión, el Ministro de Relaciones Exteriores venezolano expresó la decisión del Gobierno de adoptar las medidas necesarias para perfeccionar el ingreso de Venezuela en la Unión. Esto se logró, con la promulgación de la Ley Aprobatoria de la Constitución de la Unión Internacional para la Protección de la Naturaleza el 12 de noviembre de 1954.

Otros acuerdos importantes fueron: la Convención Internacional para la Prevención de la Contaminación por Petróleo de los Mares en 1954, la Convención de París sobre la responsabilidad de terceras partes en el campo de la energía nuclear en 1960 y la Convención Ramsar sobre humedales de importancia internacional en 1971.

CONFERENCIA INTERNACIONAL DE LA BIOSFERA

En 1972, al surgir la expectativa mundial a raíz de la publicación del informe del Club Roma, “Los límites al Crecimiento”, anteriormente mencionado, que consideramos como el renacimiento del malthusianismo, por plantear nuevamente la posibilidad del agotamiento de los recursos naturales vitales y la necesidad del control de la natalidad como fórmula para evitar el colapso mundial por la falta de alimentos, se revive entonces el programa auspiciado por la UNESCO que culminó con la “Conferencia Internacional de la Biosfera”, celebrada en París en 1968, de cuyas conclusiones surgió la promoción del primer encuentro mundial de extraordinaria repercusión, como lo fue la “Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Humano”.

Con esta Conferencia, se logra ubicar por primera vez el Medio Ambiente como un lugar diferenciado en los diferentes programas políticos, reconociéndose, que el entorno afronta graves problemas que no respetan fronteras nacionales, y cuya solución es de carácter político, sin que pueda dejarse en manos de expertos y particulares.

En cuanto al hombre, concluye en que éste “tiene derecho al disfrute de condiciones de vida adecuados, en un medio de calidad tal, que le permita llevar una vida digna y gozar de bienestar; y tiene la solemne obligación de proteger y mejorar el medio para las generaciones presentes y futuras”. En dicha Conferencia se creó también el “Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente” (UNEP); programa del cual han surgido otra serie de programas regionales sobre los diferentes recursos y problemas que afectan al mundo, e igualmente ha originado la convocatoria hasta fechas recientes de Conferencias sobre el Medio Ambiente.

CONFERENCIA DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE DESERTIZACIÓN (UNCOD)

En 1974, la Asamblea General de la ONU, hizo un llamado para organizar una conferencia internacional sobre el problema de la desertización, convocando la Conferencia de la Naciones Unidas sobre Desertización (UNCOD), que se celebró en Nairobi en 1977.

Cabe decir, que la desertización fue el primer problema ambiental en ser considerado de carácter global, reconocimiento que quedó formalizado en esta Conferencia, en la que se elaboró un mapa de los desiertos del mundo, incluyendo en él un índice de desertización. Desde entonces, se ha puesto en manos del Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP), la coordinación de un intento global de combatir el problema. Según las estimaciones para 1992 de la UNEP, en todo el mundo están afectados alrededor de 3.590 millones de hectáreas, o 35,9 millones de km2, en su mayor parte en forma de vegetación degradada en tierras empleadas para el pastoreo.

CONVENCIÓN SOBRE LA CONTAMINACIÓN DEL AIRE EN ÁREAS EXTRATERRITORIALES

En 1979, la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa, formó la “Convención sobre la Contaminación del Aire en Áreas Extraterritoriales”. A partir de entonces, fue notorio, que durante las década de los 80’ y de los 90’, muchos países industrializados mejoraron la calidad de su aire, reduciendo la cantidad de partículas en suspensión así como la de productos químicos tóxicos como el plomo, pero las emisiones de dióxido de azufre y de óxidos nitrosos, precursores de la deposición ácida, aún no han sido reducidos en su totalidad. Es también considerable a nivel de descontaminación atmosférica, el hecho de existir un elevado nivel de contaminación en gran parte de la Europa del este y la antigua URSS.

LA CONVENCION DE LONDRES DE 1954 SOBRE LA CONTAMINACIÓN DE AGUAS NAVEGABLES

El problema de la contaminación por petróleo de las aguas navegables, fue sometido por el Gobierno Británico a la Sociedad de las Naciones en julio de 1.943. Ésta lo remitió a la Organización de Tránsito de las Sociedad, quien a su vez preparó un borrador de Convención, basado en el trabajo de la Conferencia de Washington de 1.926, que sirvió de fundamento para que el Consejo de la Sociedad decidiera en 1.936, convocar una conferencia internacional para considerar dicho proyecto de convención.

Esta conferencia no se llevó a cabo por la abstención de los Gobiernos de Alemania, Italia y Japón, cuya asistencia era considerada esencial para el éxito de la convención, no obstante, el problema de la contaminación de las aguas se mantuvo en suspenso durante la Segunda Guerra Mundial, aun cuando obviamente, dicho problema aumentó por el hundimiento de barcos cargueros petroleros en diferentes áreas, tanto del teatro de la guerra, como en las áreas aledañas a dichas zonas, donde el conflicto tomaba objetivos para beneficio de los beligerantes, que por ser una guerra internacional, es decir Mundial, involucró todos los continentes.

Luego de la Guerra, el gobierno de Venezuela recibió del Gobierno Británico, una invitación para que enviara un representante a participar en una Conferencia internacional, que integrada por 40 países se reuniría en Londres el 26 de abril de 1.954. El propósito de esta Conferencia, según se indicaba en la invitación, era el de lograr un acuerdo que diera los pasos necesarios para eliminar el problema de la contaminación. Treinta y dos países asistieron como delegados a la Convención, entre ellos Venezuela, y otros 10 países enviaron observadores. Enviaron representantes: La ONU y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

LEY APROBATORIA DE LA CONVENCION 1963 PARA IMPEDIR LA CONTAMINACIÓN DE LAS AGUAS DE MAR POR HIDROCARBUROS

De esta Conferencia se originó la Convención Internacional para impedir la Contaminación de las Aguas de Mar por Hidrocarburos, cuya Ley Aprobatoria data del 9 de agosto de 1.963 y su promulgación el 6 de septiembre del mismo año. Es por demás obvio, que la normativa de esta Convención, es mucho más reciente que nuestra normativa nacional.