Revolución industrial verde en Londres

TONY BLAIR (*)

ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

Para el primer ministro británico, la reducción de los gases de invernadero, la utilización de energía no contaminante y el cuidado de la flora y la fauna son imprescindibles para hacer del mundo un lugar más vivible

Cuando mis padres estaban en su infancia, la población del mundo era menor de tres millardos. Durante la niñez de mis hijos, es probable que ésta exceda los 9 millardos. No hay que ser un experto para percatarse de que el desarrollo sustentable se va a convertir en el mayor reto que tengamos que enfrentar durante el presente siglo.

Ya hemos presenciado enormes cambios durante el curso de mi vida. Los seis años más calurosos del siglo XX se produjeron durante la última década. Al menos 25% de la tierra firme del planeta está afectado por la erosión u otra degradación de la Tierra.

De acuerdo con lo registrado en fotografías satelitales, se estima que los espacios cubiertos por nieve y hielo han decrecido en 10% desde 1960.

Desde 1980, 10% de los bosques en el mundo en desarrollo se ha perdido, lo mismo que 27% de los arrecifes coralíferos. Este proceso va en aceleración. En algunas partes del mundo, en particular las más pobres, los efectos serán catastróficos.

Para el 2100 la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera podría estar entre 90% y 250% más alto de lo que estuvo en 1750. Los aumentos en la temperatura durante este siglo no tienen precedentes en los últimos 10.000 años, y se espera que para el 2100 la temperatura de la Tierra aumente 6 grados más de los niveles registrados en los años 1990. Para el 2025 es posible que dos tercios de la población mundial padezcan de algún tipo de problema causado por el agua.

Aun así, el cambio climático se traducirá en lluvias copiosas e inundaciones, como también en un aumento de las tormentas tropicales.

Grandes extensiones de Africa y de Suramérica podrían perder sus bosques tropicales para el 2080. Y hay grandes probabilidades de que se registre un aumento en las inundaciones, erosión del suelo, disminución de las cosechas y riesgo de epidemias.

Los desiertos crecerán. Las enfermedades se extenderán. Se espera que muchas de las especies de plantas y fauna silvestre se extingan. Es probable que poblaciones costeras como las del Senegal, Egipto y Bangladesh sufran de inundaciones; en otras naciones, como Tanzania, los ríos comenzarán a secarse. El costo de adaptarse a estos cambios atrasará aún más el desarróllo.

Seríamos altamente irresponsables si tratásemos estas predicciones de forma alarmista. Ellas representan las opiniones ponderadas de algunos de los científicos más destacados del mundo. No podemos darnos el lujo de ignorarlas.

Si todos los países industrializados cumplieran con sus objetivos de la Cumbre de Kyoto, únicamente reduciríamos las emisiones de gas globales de invernadero en 5,2% de sus niveles de 1990 para los años 2008-2012.

Conforme a los mejores modelos climáticos, si deseáramos detener el proceso del calentamiento global, tendríamos que reducir las emisiones de CO2 en 60%. La Unión Europea y Estados Unidos son la clave para hallar el camino adecuado.

Por razón de nuestro rol en la Unión Europea y nuestros nexos con Estados Unidos, el Reino Unido tiene una responsabilidad especial. Hemos invertido demasiado en este proceso para verlo fracasar.

Pero si hemos de ofrecer un liderazgo internacional en materia del medio ambiente, deberemos dar demostración de ello en el Reino Unido.

Después de Kyoto, nos comprometimos a reducir nuestras emisiones en 12,5%, cantidad dos veces mayor que el promedio de las obligaciones contraídas por otros países.

Hemos instaurado un programa que creemos reducirá las emisiones de gas de invernadero en 23% para el 2010.

En primer lugar, existen medidas para mejorar la utilización de la energía por parte de las empresas, estimular inversiones y cortar costos.

En segundo lugar, necesitamos de políticas que estimulen formas ambientales más eficientes para la generación de energía.

Tercero, estamos instaurando programas para reducir las emisiones provenientes del sector del transporte. El plan de diez años para el transporte invertirá unas 180.000 millones de libras para modernizar nuestra infraestructura de transporte, y de esta manera atacar el problema de la congestión y reducir la contaminación ambiental.

Cuarto, hay medidas para promover el uso eficiente de la energía en el sector doméstico. Entre la presente fecha y el 2003 duplicaremos el gasto para un uso eficiente de la energía.

Quiero que el Reino Unido sea uno de los principales participantes en la próxima revolución industrial verde. Disponemos de grandes recursos. Y algunos de los mejores recursos renovables marinos del mundo -el viento terral, la energía de las olas y la mareal-. Una bien fundamentada base científica, investigación de apoyo a nivel mundial en generadores de biomasa, microtecnologías tales como las de las turbinas de viento y gas, células de combustible y almacenamiento de la energía. Hemos marcado la pauta en la integración de metas ambientales y económicas dentro de un mercado liberalizado de la electricidad. Y estamos a la cabeza en Europa sobre cómo remover las barreras regulatorias para el desarrollo de los renovables.

Yo creo que el rol del Gobierno es el de acelerar el desarrollo y la creación de estas nuevas tecnologías hasta que los mercados los conviertan en empresas autosuficientes.

Es el destino de la raza humana que, mientras avancen la ciencia y la prosperidad, tengamos la posibilidad de tener una riqueza global aun mayor, y la capacidad de la autodestrucción. La proliferación de las armas nucleares y la degracación del medio ambiente son las dos amenazas que enfrentamos juntos. El Reino Unido no puede por sí solo lograrlo. Pero podemos dar el ejemplo en casa, y suministrar un liderazgo en el exterior. Es nuestra responsabilidad y yo creo que podemos darle cumplimiento.

* Tony Blair es el primer ministro de Gran Bretaña desde 1997