COMO SE DESARROLLA LA CÁTEDRA DE DERECHO ECOLÓGICO[1]

Introducción

Desde 1985, un año después de creada la Cátedra de Derecho Ecológico en la Universidad Santa María de Venezuela, nos dimos a la tarea de darle forma científica a este novedoso Derecho, que hoy, treinta y dos años después, podemos apreciar el resurgimiento y aceptación de este conjunto normativo.

Podemos apreciar en la temática que incluimos, un conjunto normativo o Derecho denso y consistente, que logra reunir todos los fundamentos de una disciplina veraz, sólida e independiente, que ha roto las barreras y fronteras hasta hacerse universal. Así vemos en su centro disciplinario, el tema central hombre-naturaleza, acción-beneficio-efecto, que, en concordancia de las ciencias sociales, las biológicas, que se conjugan en la naturaleza y los recursos naturales, mantiene el estudio del macro sistema ecósfera y de los subsistemas que en él conviven, donde ejerce su influencia determinante el hombre, en su condición de ser racional.

En la cátedra reviste gran importancia la relación existente entre las leyes naturales y las normas formales, que se enlazan entre los fenómenos naturales que estudian la Ecología y el Derecho, tendente a encontrar la relación entre el inicio de la acción depredadora del hombre irracional y la aparición de la acción defensiva del medio ambiente, objeto del Derecho Ecológico, en manos del hombre racional.

Nos encontramos entonces, en presencia de un cúmulo de normas del Derecho Natural, que originadas de una ciencia multidisciplinaria como la Ecología se han introducido en la formalidad de una ciencia cultural, como lo es el Derecho, tratando de encontrar el equilibrio entre el usufructo o aprovechamiento de la naturaleza y su conservación, permitiendo a su vez, sensibilizar al futuro profesional, para que comprenda, que todo en la naturaleza está condicionado a la racionalidad de su uso; ya que en ningún caso le es permitido a un ser humano destruir la naturaleza, que como gran ecosistema es patrimonio de la humanidad, generación tras generación.

Habiendo percibido que el estudio de la Problemática Ecológica, refleja en si el origen de esta disciplina emergente, de manera conscientes vemos la necesidad que tiene el hombre de transformar el medio donde se desenvuelve, en función del desarrollo y para la satisfacción a plenitud de sus necesidades. Destaca así nuestro interés docente en ejercer una acción moralizante y concienciaría, dirigida a humanizar al estudiantado y dotarlo de un arma conservacionista, a pesar de la dificultad que representa esta acción, por cuanto es el interés de casi la totalidad de los estudiantes, obtener una profesión que le permita penetrar en una carrera oferente de mejor posición social y mayores beneficios económicos; donde el dinero es la principal motivación; y vemos, que es precisamente el interés económico el que motoriza las acciones depredantes, que destruyen el medio ambiente y originan la problemática ecológica, por una concepción mal entendida del Desarrollo.

Insistimos en que toda profesión es un apostolado, cuya dimensión se incrementa proporcionalmente con el aumento poblacional; que requiere del reforzamiento de la ética orientada cada vez más a la moral humanizada, donde los principios del Derecho fundamentados en la equidad y en la justicia, trasciendan conscientemente a la protección y conservación de la naturaleza, que aunque sea una contradicción, ya que estas normas por su objeto beneficiarían a lo material (naturaleza) en perjuicio del hombre, la realidad nos obliga a dar personalidad a la naturaleza para protegerla del hombre irracional

Al referirnos a la universalidad del problema ecológico, insistimos en las causas y los efectos a nivel mundial y nacional. Y al nacionalizarlo, tenemos que profundizar en los daños que producen los objetivos del desarrollo mal orientados y los atentados contra nuestra geografía nacional que se originan de las masas que se aventuran a la exploración y la explotación minera tratando de solventar sus necesidades. De allí, la necesidad de analizar los casos que a diario ocupan las páginas de la prensa nacional, donde inmisericordemente se atenta contra nuestra ecología; donde se fatiga la interpretación legal tratando de encontrar causas, efectos y soluciones que sólo tienen su origen en la ignorancia consciente e inconsciente sobre las normas naturales de esta ciencia y las del Derecho. Encontramos entonces, el origen de la especialización de esta disciplina legal, que en Venezuela se hace independiente dentro de la normativa especializada, y se establece como un Derecho independiente y especial, tanto en lo administrativo como en lo penal, para lo cual da al delito ecológico el rango orgánico.

Nuestra esperanza es permanente, y con nuestra insistencia, creemos aportar grandes fundamentos para labrar la conciencia de nuestros profesionales, a los fines de que con su influjo, labrar la de todos los demás ciudadanos, orientándolas hacia el desprendimiento de lo material y monetario, con el convencimiento de que la conservación de la naturaleza no puede ser sólo el influjo coercitivo de la norma legal, sino que debe surgir del convencimiento de que ello es necesario para la perpetuación de la especie.

Con esta orientación, ya por más de 30 años hemos venido profundizando con un alto contenido psico-social sobre el tema, que se proyecta, a todo lo que conforma el sistema ecológico donde nacimos, donde nos desarrollamos y donde debemos rendir nuestra misión natural como seres racionales.

Surge en lo adelante, la interrelación de todo lo que nos rodea y nos sirve para la subsistencia, y la perennización de la especie, que es lo que cobra vida como objetivo del Derecho Ecológico.

Son ya incontables los abanderados en ésta poco remunerante empresa. Y cuesta decirlo sin sentir remordimiento de conciencia, que muchos de los que enarbolan el estandarte, sólo lo hacen por lo vistoso de la divisa y por el beneficio que ello les produce, sin embargo, aún de esta manera tiene plena validez la campaña, porque al fin de cuentas todo aquel que levanta la bandera, aunque hipócrita o incrédulo, coadyuva a crear conciencia en aquellos que creen en él, y que nunca llegan a descubrir su hipocresía.

A pesar de nuestro interés y amor por la cátedra conservacionista, debemos rechazar las actitudes a ultranza que asumen muchas personas, quienes quieren imponer la conservación mediante la prohibición general y la paralización indiscriminada de cualquier acto que conlleve alteración del medio ambiente o la destrucción de algún recurso natural. Al respecto, se viene generando paralelamente una reacción adversa anti conservacionista, que, aunque nunca pudiéramos considerarla como de enfrentamiento ideológico y racional, por lo antinatural, produce una barrera negativa en la campaña de concienciación.

Esta reacción adversa, nacida de la presunta incompatibilidad de los conceptos: desarrollo y conservación, debemos rechazarla por cuanto debemos calificar esta conducta de irracional, ya que es factible consolidar las dos posiciones mediante una concepción del desarrollo que considere la posibilidad de producir el menor daño posible y permisible, ante una irremediable transformación de la naturaleza.

Desde nuestra cátedra desarrollamos un gran esfuerzo por mantener la cruzada conservacionista, a la que dedicamos nuestra acción concienciante en la lucha contra la crisis ecológica, aunque nunca lleguemos a entender todo cuanto involucra la lucha y la crisis, pero no podemos agotar todos los recursos materiales e intelectuales con los que contamos, mientras el terreno esté abonado y preparado para la comprensión racional de lo que conlleva una verdadera y cierta campaña concienciante, que nos permita penetrar en toda la profundidad del problema.

Mucho nos preguntamos si realmente existe la crisis, cuál es su magnitud y cómo enfrentarla. Aquí tenemos que comenzar por entender lo que tanto se ha dicho: el homo sapiens en su variedad technologicus, al aparecer en escena hace unos 500.000 años se propuso modificar la faz de la tierra para adaptarla a sus necesidades. Más tarde, cuando aprende a usar el fuego, acelera este proceso, y con su intelecto, al aprender los rudimentos de la agricultura y más recientemente, con la Revolución Industrial, comienza a separarse de la naturaleza de la que dependió siempre, luchando por ella y contra ella en la medida que las necesidades se incrementan; y cuando esta lucha se separa de lo racional, comienza la acción progresiva de depredación y el propio hombre pierde su control, hasta poner en peligro el equilibrio ecológico o ambiental, necesario para obtener el aprovechamiento de esa misma naturaleza como él se lo propuso cuando dio inicio a su transformación. Una muestra tangible de la existencia de la crisis la conforma la llamada desertización de los continentes o los desiertos en expansión, donde el mundo alarmado ve hoy como nunca la generación de zonas desérticas con violenta rapidez y se considera, que el 80% de la tierra productiva en las zonas áridas y semiáridas del planeta, se encuentran sometidas a un progresivo proceso de desertización, donde dos terceras partes de las naciones del mundo se ven afectadas por este proceso, y se teme, que los desiertos podrían triplicar su extensión, tanto en los países más desarrollados como en los menos desarrollados. Mientras esto ocurre, se piensa que los productos de la tierra disminuirán con los años, y con la creciente población, que generará una mayor demanda de alimentos, se requerirá proporcionalmente un gran esfuerzo para incrementarlos, lo cual exigirá un mayor rendimiento de las tierras, en vías de extinción.

Para enfrentar el problema, debemos reconocer que todos somos actores en la producción de esta obra y es ideal que lo seamos por acción y no por expectación, especialmente cuando tengamos que actuar contra la naturaleza. Si no creemos en la existencia de la crisis, debemos imaginárnosla, convencidos de que ella puede ocurrir, y hacer propio el proverbio chino: los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades; son los momentos en que la vieja organización cambia, los moldes establecidos se rompen y la manera convencional de hacer las cosas desaparece. Es evidente que si no hoy, tarde o temprano tendremos que afrontar la crisis, de continuar sin control la acción depredante y el daño progresivo al medio ambiente, pudiendo llegar a ser tarde cuando ello ocurra. Ante tal circunstancia, es preferible considerar la alarma actual como la verdadera crisis e iniciar su enfrentamiento, con lo cual, a tiempo, estaremos evitando su irreversibilidad.

Hoy por hoy, el problema se ofrece en formas y niveles diferentes en el planeta. De acuerdo con los investigadores de la materia, nuestro país está ubicado en el grupo de los que menos ha sufrido daño ecológico en comparación con muchos otros países y áreas del mundo, siendo notoria la desertización, la deforestación, la lluvia ácida, la pérdida de especies vegetales y animales, el cambio climático y la preocupante degradación del entorno marino, que ha tomado niveles críticos en países del África, Asia y América Latina como: Mauritania, Malí, Nigeria, Sudan, Etiopía, Somalia, Nepal, Filipinas y Haití.

En estos países y en otros en menor escala, la degradación ambiental, que tiende a crecer, es de tal magnitud, que la incapacidad para alimentar y mantener la población, la está diezmando.

El conocimiento de esta problemática y la acción humanitaria de los pueblos, orientados por los entes internacionales, han emprendido serias campañas de cooperación internacional tanto a nivel de prevención como de enfrentamiento para controlar la crisis y recuperar en lo posible los daños. Bueno es recordar que hasta 1972 no había una verdadera política internacional para la conservación del medio ambiente y es en la Conferencia de las Naciones Unidades celebrada en Estocolmo durante mayo y junio de ese año, cuando aflora la inquietud por el problema, al que a la fecha sólo le era dedicado tiempo y esfuerzo heroico por un reducido número de científicos, políticos y románticos defensores de la naturaleza. Desde entonces, comenzamos a utilizar con orientación conservacionista los términos: ecología, contaminación, conservación, etc., y en tan poco tiempo, todos estos conceptos ya madurados y tratados científicamente pasaron a construir un léxico especial en materia de conservación.

Hoy, en casi todos los países del orbe existen organismos especializados que tratan la materia con la individualidad y especialidad que ella requiere. He aquí, que, por una necesidad social, ha surgido el Derecho Ecológico, materia que conforma el objeto de este trabajo.

En esta edición hemos hecho una amplia actualización para incorporar el gran cúmulo de leyes que han sido renovadas con agregados necesarios, o remplazadas, y la incorporación de temas de Economía Minera y Petrolera, que forman parte de la materia. En ella, consideramos la participación fundamental de este sector económico en el ingreso del Estado y, en especial, lo referente a la minería, a los hidrocarburos con su función energética y a las industrias que se han generado por su explotación y el comercio.

Hemos hecho grandes esfuerzos por ambientar a los alumnos en la relación que existe en el estudio de estos recursos con la Economía, por lo que hemos incorporado temas de Economía Política, con los cambios recientes en este dinámico mercado, incluyendo el tema referido a economía, ingreso y contabilidad nacional, los principios de la economía y su incidencia en los Recursos Naturales. Pensamos entonces, que al intentar entender el efecto de las industrias minera y petrolera en el desarrollo, en la economía y en el ingreso nacional, tenemos que incursionar en el conocimiento de los elementos incidentes en esta relación, para evitar la confusión que produce la falta de una base racional y lógica, que permita comprender los intríngulis de la economía y de la contabilidad nacional.

Con su temática, este libro da amplitud disciplinaria a sus potenciales lectores y usufructuarios, dejando de ser de contenido especial para el alumnado de la Universidad Santa María, ya que se ha ampliado con énfasis el contenido de los temas referidos a las diversas materias que conforman el Derecho Ecológico, para que sirva como fuente de consulta a profesores, investigadores y estudiantes de Ecología, Ambiente, Conservación, Reforma Agraria, Derecho Minero, Hidrocarburos, Petróleo, Hierro, Ordenación Territorial, Diversidad Biológica y todos los campos que se les relacionan.

Creo de interés destacar, que al incluir una amplia información técnica, científica e histórica sobre algunos temas, con el fin de dar claridad informativa al investigador curioso, aprovecho el uso del pie de página para complementar su interpretación, identificar autores, investigadores y tratadistas de temas, criterios y conceptos, para evitar la dispersión en la investigación y análisis, dar seguridad y fortalecer el criterio cultural, evitando además, la dispersión informativa. Igualmente, hago la observación, de que, aun cuando existe la universalidad de este Derecho, aquí lo tratamos con preferencia a la normativa legal que ha surgido en Venezuela, por ello lo referimos y relacionamos a profundidad con los fenómenos que ocurren en este país, enfatizando en las normativas y cuerpos legales nacionales, que de una u otra forma se compadecen con el Derecho Internacional. Es también de interés, para que se conozca el desarrollo de las normas en la materia en Venezuela, y que sé, servirán de modelo para otros países.

Espero que esta obra supere las expectativas despertadas entre los estudiosos de estas materias, y continúe siendo un valioso aporte para su estudio, considerando siempre fundamental el estudio de la Problemática Ecológica, que refleja en si el origen de esta disciplina emergente, conscientes como estamos, de la necesidad que tiene el hombre de transformar el medio donde se desenvuelve, en función del desarrollo, y para la satisfacción a plenitud de sus necesidades. Ojalá que los conceptos y temas aquí emitidos, cumplan con dar claridad en sus mentes. Por último, quiero anunciar, que esta edición la hemos dimensionado para su publicación universal, dando cabida a la difusión del Derecho Ecológico, que entrando en el pensum de estudio de la Universidad Santa María en Venezuela, hemos querido exponerlo a la discusión universal.

Caracas, Octubre de 2016

Profesor Enrique Prieto Silva

 



*) Tomado del libro: “Derecho y Economía del Ambiente y de los Recursos Naturales – Enrique Prieto Silva. PRM Editores Asociados – Sexta Edición - 2016