La Salud Ambiental, un Derecho Humano Fundamental

 “La salud debe entenderse no solo como ausencia de enfermedad, sino como condiciones mínimas que permitan el disfrute de un ambiente sano, seguro y ecológicamente equilibrado”

 María Maritza Da Silva

Profesora Cátedra de Derecho Ecológico

Universidad Santa María

maritzadasilva@gmail.com

Definir ambiente no es fácil. Las palabras ambiente y medio ambiente poseen numerosos sentidos lingüísticos, y muchas veces cuando se habla de “ambiente”, se refiere a “ambiente físico”, a menos que se especifique otra cosa, y la expresión ambiente natural suele reservarse para el ambiente físico con exclusión de los humanos y sus obras, por lo que ambiente es, para cada ser o grupo humano, la totalidad del mundo físico que lo rodea, incluidas las entidades vivientes, los demás seres o grupos humanos y sus interrelaciones, que producen casi inevitablemente una serie de situaciones de interacción que traen consigo la necesidad de manejar y resolver una multitud de problemas ambientales.

Estos problemas ambientales han dado lugar a la aparición de corrientes que interpretan las actividades antropogénicas como problemas ambientales, apareciendo la corriente “verde” cuya principal preocupación era el ambiente natural, que aspectos como el desarrollo sustentable, la pobreza, la  dinámica demográfica, el efecto de invernadero, el deterioro de la capa de ozono, la desertización y la sequía, la biodiversidad, la biotecnología, como factores emergentes, han puesto en peligro.

Por otro lado, surge la corriente “azul”, alarmada por los efectos del ambiente sobre la  salud y el bienestar de la humanidad, cuya preocupación era determinar qué actividades estaban generando efectos adversos para el disfrute del derecho al ambiente sano y la calidad de vida como derecho humano fundamental, originando la necesidad de protección de la salud ambiental.

De acuerdo con la Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud  para Europa (EURO/OMS), los objetivos de los servicios de salud ambiental son básicamente la protección y la promoción de la salud ambiental, siendo su objetivo primario el aseguramiento de las condiciones de vida, a fin de promover la salud humana.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) denomina que la salud ambiental es una de las prioridades básicas de la humanidad, lo que conlleva a que los Estados están obligados a revisar sus patrones epidemiológicos, a fin de garantizar esta salud como un derecho humano impostergable, siendo que la protección ambiental y la reducción de los efectos nocivos del ambiente en la salud se han convertido en requisitos inseparables de los esfuerzos para construir un proceso efectivo y sostenido de desarrollo económico y social.

El campo de la salud ambiental, sin embargo, no se agota en el conocimiento del impacto del ambiente sobre la salud, sino que abarca también el diseño, la organización y la ejecución de acciones tendientes a impedir o a revertir los efectos nocivos del ambiente sobre la salud humana, interrelacionando la salud y los derechos humanos de tal manera que nadie puede discutir el derecho que tenemos todos a vivir en un ambiente sano como derecho humano fundamental, en virtud de que este derecho comporta condiciones mínimas y necesarias para que el individuo pueda desarrollarse plenamente en los ámbitos económico, social, cultural, político y jurídico, en armonía con el resto de la sociedad. 

Se trata entonces de derechos colectivos, cuyos beneficios arropan a la colectividad y no sólo al individuo en particular, llamados derechos de la solidaridad, por estar concebidos para los pueblos, grupos sociales e individuos en colectivo. Y por ser derechos colectivos, no pueden ser monopolizados o apropiados por sujetos individuales, son derechos subjetivos concebidos para todos y cada uno de los sujetos, oponibles a cualquiera (Estado y/o particular) y con posibilidad de ser ejercitados a nombre de cualquiera, por formar parte de los denominados intereses difusos

El derecho a la protección del ambiente tiene su aparición a nivel internacional en 1972, a raíz de la promulgación de la Declaración de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano. Posteriormente, se ve desarrollado por la Carta de la Tierra de 1982, la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992 y la reciente Declaración de Johannesburgo del 2002, todos ellos relacionados con el derecho al ambiente sano como garantía de calidad de vida.

La salud debe entenderse no solo como ausencia de enfermedad, sino como condiciones mínimas que permitan el disfrute de un ambiente sano, seguro y ecológicamente equilibrado, como bien lo establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, en su articulo 127, en donde se reconoce el derecho-deber que tienen todas las personas, inclusive las generaciones futuras, de un vivir en un ambiente de esas características, como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad, es decir que es una garantía del derecho humano a la salud ambiental y a un nivel de bienestar en todos los espacios de la vida de la persona humana.

En conclusión, la salud ambiental es un derecho humano fundamental impostergable, el cual debemos exigir, porque si seguimos por donde vamos y la flexibilidad en el cumplimiento de las normas legales lo permiten, las generaciones futuras que sobrevivan a estas contaminaciones serán mutantes de figuras amorfas, muy diferentes a la especie humana de hoy, que desciende del homo sapiens, y esperemos a que otro Charles Darwin descifre la adaptabilidad de estas nuevas especies