EL NIÑO DE GURI

Enrique Prieto Silva

Lunes 21 de marzo de 2011

Los fenómenos naturales son inciertos en sus magnitudes, pero su comportamiento es siempre similar, lo que nos permite valorar sus causas y sus efectos. Se pueden controlar cuando no son intempestivos y aleatorios. Inclusive, se puede engañar a la naturaleza por cuanto sus resultas son causa y efecto, pero no podemos obligarla y mucho menos oponernos a ella. Nunca nos obedecerá.

Derivándose o no de los tan inculpados efecto invernadero y calentamiento global, igual que ocurre en el mundo, en Venezuela hemos sufrido los estragos de las lluvias, con sus vaguadas y deslaves, cuya magnitud se ha agravado por la desidia gubernamental con la improvisación y la reacción. Es el caso de la crisis eléctrica agravada, por la que se culpó al “niño”, fenómeno del que ya se ha agotado su presentación. Decimos entonces que es un niño muy especial, exclusivo del Guri.

Los científicos venezolanos en la  duda han utilizado el engaño para tapar la ignorancia, olvidando que siempre aparecerá la verdad que desenmascara el engaño, tal como está ocurriendo. Con la represa llena, sigue siendo insuficiente la energía que se genera, siendo evidente, que no es solo el agua la que genera la electricidad. Ella hace girar las turbinas productoras, como la fisión del uranio genera el calor necesario para el mismo fin; pero si las turbinas no existen o no están activas, aunque haya agua no habrá electricidad. Es lo que ocurre en Guri.

El pueblo no quiere seguir creyendo en mentiras por verdades y poco a poco está descubriendo el engaño. Entendió, que el “niño de Guri” era la desidia, la ignorancia y el desdén gubernamental. Que la falta de electricidad se debe a que cuando se presenta el fenómeno cíclico del vaciado por falta de lluvias y este llega a ser grave, dejan de funcionar las diez unidades de la 11 a la 20 de la casa de máquina II, que es la que se suerte de la cota de los 272 metros, quedando con posibilidad las de la sala I, la más antigua de la primera etapa, la cual tiene fuera de servicio cinco unidades (2,3,6,8 y 9), algunas que requieren reemplazo porque sus daños severos las hacen irreparables. Evidentemente, que con solo cinco unidades activas es imposible generar la electricidad demandada. Afortunadamente, el niño es de Guri y no ha permitido el colapso.

Hay que decirlo, que la hidroelectricidad como fuente de energía en Venezuela tiene una larga historia, sustentada en la existencia de su rico potencial hídrico, cuyo inventario se fue definiendo con los años en la medida en que se fue conociendo el territorio y su hidrografía. El uso del rio Caroní como fuente para la hoy tercera represa más grande del mundo, con una capacidad instalada de 10.000 MW, después de la represa de Las Tres Gargantas en China con capacidad instalada de 18.000 MW e ITAIPU entre Brasil y Paraguay con capacidad instalada de 12.600 MW, no fue casualidad ni capricho. La primera referencia sobre el interés de aprovechar el Caroní con fines hidroeléctricos se remonta al año 1912, cuando Leonard Dalton publicó en Londres su libro, “VENEZUELA”, donde describía los saltos del río y refería que “en vista del enorme potencial de energía hidráulica de las cataratas del Caroní, parece extraño que hasta El Puerto de San Félix <antes Puerto de Tablas> no se haya convertido en una ciudad importante y floreciente”.

En 1920, John A. Bowman escribía a Juan Vicente Gómez para recordarle su preocupación por conseguir autorización para un ferrocarril de San Félix al interior y “el contrato de fuerza hidroeléctrica en los saltos del Caroní”. Siendo durante el gobierno de Eleazar López Contreras, en 1938 cuando se autorizó mediante un decreto la exploración de la Guayana Venezolana incluida en el Estado Bolívar y en el Territorio Federal Delta Amacuro, esfuerzo que se inició con un estudio preliminar de las hoyas hidrográficas de los ríos Cuyuni y Caroní.

Los “revolucionarios” deben saber, que conocer la historia no es solo estudiar los hechos políticos y militares como ellos piensan. Debe conocerse para continuar las ideas que busquen mejorar los sistemas económico y social sin tintes ideológicos y con la sola visión del futuro conforme al crecimiento poblacional y el cambio cultural. En materia de generación hidroeléctrica en Venezuela, sabemos que en Barquisimeto, el General Ezequiel Garmendia firmó un contrato para la instalación de un sistema de alumbrado público que se inauguró el 5 de julio de 1896. Energía que permitía iluminar las plazas Bolívar y Miranda los días de retreta, los jueves y los domingos, generada por la primera planta hidroeléctrica del país, ubicada en la margen del rio Turbio, la cual fue destruida poco tiempo después durante uno de nuestros escarceos políticos intestinos.

En Caracas, el ingeniero Ricardo Zuloaga, cuando el Guaire era cristalino y caudaloso, inauguró y puso en funcionamiento el 8 de agosto de 1897 la Planta “El Encantado”, una avanzada obra de ingeniería con una potencia máxima de 420 Kw en dos máquinas de eje vertical, y un sistema que permitía la transmisión a distancia de la corriente alterna generada. Ante el asombro de los caraqueños se iluminó el tramo que va entre la esquina de la Torre y la Cervecería Nacional, primer cliente de La Electricidad de Caracas.

Todos los proyectos de ingeniería hidráulica perseguían disminuir el costo de la generación eléctrica, para competir con la generación a gas y otras fuentes; proyectos que continuaron este desarrollo inicial en las tres primeras décadas del siglo XX. Así, la Electricidad de Caracas llegó a tener una capacidad instalada de 18.500 Kw hidroeléctricos en las plantas de Los Naranjos, Lira, Mamo, Caoma, Marapa, Curupao, Izcaragua y Naiguatá. Desde fines de la tercera década hasta principios de los 60`, aproximadamente, el suministro eléctrico de la ciudad de Maracay se efectuó desde las plantas hidroeléctricas de Pedregal, Uraca y Choroní, con una capacidad conjunta de 8.200 Kw. Todos proyectos de la iniciativa privada.

Este desarrollo hidroeléctrico se detuvo fundamentalmente por el surgimiento de la producción petrolera, que garantizaba abundancia de combustible barato que favoreció el desarrollo de centrales térmicas. Para ese entonces, el petróleo no era la herramienta para la demagogia política, ni la base única para el sustento de la población y para el mundo se constituyó en fuente de energía barata, lo que en Venezuela produjo el abandono de las iniciativas hidroeléctricas, en un país rural con una población cercana a la cuarta parte de hoy. Sin embargo, hay que reconocer que para 1947 el Estado comenzó el desarrollo de programas y proyectos tendentes a cambiar la situación eléctrica nacional existente, y para aumentar la capacidad instalada y la generación nacional, centralizó la planificación eléctrica de acuerdo con las proyecciones de la demanda.

Ese año la firma consultora norteamericana, Burns & Roe. Inc., hizo el estudio del potencial hidroeléctrico del río Caroní, recomendando instalar una central con capacidad de 150.000 Kw en los saltos inferiores, así como la interconexión con el resto del país a través de la línea de alta tensión. De inmediato se comenzaron los estudios para construir aprovechamientos hidroeléctricos en las regiones de los Andes y Guayana, pero a partir de 1950 contradictoriamente se adquirieron las empresas regionales y se organizaron los sistemas eléctricos de Maracay, Maturín, Cumaná, Valle de la Pascua y otras ciudades a partir de fuentes distintas a la hidráulica, por lo que práctica e inexplicablemente quedó fuera de uso parte de los aprovechamientos hidroeléctricos que funcionaban con eficiencia.

En 1956 comenzó la construcción de la central hidroeléctrica en el salto de Macagua, obra pionera del desarrollo hidroeléctrico del río Caroní, constante de seis unidades con una capacidad instalada de 360 MW. En 1963 comenzó la construcción de la primera etapa de la Central Hidroeléctrica de Guri en el Cañón de Necuima aproximadamente 90 Km aguas arriba de Macagua; que entró en operación comercial en 1968 y la última etapa en 1978. La capacidad instalada de la Casa de Máquinas de 10 unidades era de 2.660 MW, con una cota media de embalse de 215 m.s.n.m. La etapa final consistió en el realzamiento de la Presa de Gravedad y Aliviadero existentes hasta 272 metros y una segunda Casa de Máquinas con 10 unidades adicionales y una capacidad nominal de 610 MW cada una, para una capacidad total instalada de 6.100 MW y una capacidad máxima de 7.300 MW.

El fin hidroeléctrico de Macagua I y Guri fue el de satisfacer en ese momento la mitad del consumo eléctrico nacional, en tanto que, aproximadamente un 60% la consumían las industrias básicas de Guayana y el restante 40% el sistema interconectado nacional. El desarrollo de Guri respondía no solamente al acelerado crecimiento de la demanda energética del país, sino también a la necesidad de afirmar la capacidad instalada en Macagua, cuya generación dependía de las temporadas de lluvia. Se estimó, que culminado Guri tendría una capacidad instalada de 9.100 MW y una potencia máxima efectiva de 10.000 Megavatios, cantidad que requeriría unos 300.000 barriles diarios de petróleo para su generación térmica.

El venezolano no soporta ya mas engaños, por lo que entiende, que justificar los racionamientos de electricidad inculpando al “niño”, no deja de ser mas que un ensayo infantil, que desgraciadamente es creído por muchos.